Allí se reencontraron con los enanos, los que habían dejado en la montaña y los que rescataron del Jardín Maldito. Festejaron con cerdos asados y en la charla amena recién se percataron de que estaban viviendo en tiendas fuera de la montaña. Resulta que la montaña se había llenado de fantasmas, de enanos de otras épocas cuyas imágenes vivían en la montaña ignorando a los vivos.
Resultó ser que Zenwall su antiguo compañero estaba en un trance extraño frente a la puerta que nunca se ha abierto. Tan pronto pudieron sacarlo de su trance durmiendoló con un hechizo los fantasmas cesaron de existir posibilitando el lento retorno de los enanos al interior.
Las próximas semanas transcurrieron esforzadas entre Ivar que entrenaba en el combate y enseñaba herrería a los enanos, Zenwall que sanaba a los heridos y Prunus que estudiaba la puerta y cualquier signo arcano por hallar en la montaña. Los resultados sin embargo son prometedores, ya que la montaña vuelve a asemejar una fortaleza nuevamente.
Mientras tanto Maderlinor, Agenor, Nakururu y Kasim marcharon hacia la costa donde los espera el capitán Okita.
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